Érase una vez una región llamada Konoa que se destacaba y caracterizaba
por sus verdes pastos, aguas cristalinas y tierras fértiles que el viento
acariciaba con un suave arrullo.
Allí existían dos reinos; el primero, ubicado al norte se llamaba
Poliweth, donde pasaban los principales afluentes y estaban las minas; el
segundo era el reino Gengarth y se ubicaba al sur, donde se reposaban los
fructíferos campos y descansaba el rojo sol.
Estos dos feudos vivían en conflicto puesto que Lorthes el Rey
de Poliweth le declaró su enemistad a Peribus Rey de Gengarth varios
años atrás por el amor de una plebeya llamada Sophia, quien nació en
Poliweth. Lorthes se enamoró de ella desde muy joven, pasaron los años pero
Sophia no correspondía el amor de ninguno de los habitantes de su región natal,
ella no veía más que con ojos de hermandad a Lorthes y no se imaginaba una vida
como reina, no lograba ver como súbditos a quienes eran su verdadera familia.
Sophia se sintió presionada y optó por huir, en medio del escape se
tropezó y se hirió el tobillo derecho, a paso lento se halló sola en la
solitaria noche, su cuerpo se movía temblorosamente no sabía si por el frío o
por el miedo a la soledad. Peribus hacía su ocasional recorrido
nocturno, allí meditaba en todo lo que le esperaría cuando se convirtiera en
rey, a lo lejos escuchó el crujir de las hojas, en vez de huir, ese sonido le
produjo curiosidad y se acercó a observar que era lo que pasaba, Sophia salió
de entre la maleza, dándole un buen susto a Peribus y al caballo que lo
acompañaba, cuando el joven curioso logró incorporarse de su sorpresa se quedó
inmóvil al ver bajo la luz de plata de la luna, la extraordinaria belleza de
Sophia, se enamoró al instante. A la hermosa mujer no le fue indiferente,
puesto que Peribus era rubio, de ojos azules y tez clara; muy diferente a los
hombres de su pueblo. Peribus la logró convencer de acompañarlo a un lugar
seguro, puesto que allí no estaba a salvo de los peligros del bosque, la llevó
a su castillo y poco a poco Sophia se fue enamorando del entonces futuro rey.
Ella dejó atrás todo recuerdo y se convirtió en la reina de Gengarth, una reina
bondadosa y justa que buscaba la paz entre los dos pueblos que ahora eran
enemigos por la soberbia de Lorthes, ya que él se sentía traicionado por la
mujer que amaba y por su compañero Peribus. Con el pasar de los años se enfrentaron
en sangrientas guerras; por territorio, venganza y poder que lo único que
dejaron a su paso fue destrucción, caídos y desolación.
A pesar de este panorama tan desagradable y sin una solución a la
vista para el conflicto, los pobladores de cada comunidad no veían a sus
vecinos como enemigos; la única esperanza que poseían recaía en los generales
de cada ejército.
A
pesar de este panorama tan desagradable y sin una solución a la vista para el
conflicto, los pobladores de cada comunidad no veían a sus vecinos como
enemigos, solo eran los intermediarios en la encrucijada amorosa desatada por
el Rey Lorthes. Cansada de ver a los dos pueblos que amaba derrumbarse por la
guerra, Sophia decidió reunirse en secreto con los Generales del ejército de
ambas regiones y depositó en ellos la única esperanza que les quedaba, les dio
un voto de confianza porque pensó que ellos si sabrían cómo resolver el
conflicto
El ejército del reino de Poliweth era comandado por el general
Canon, este se caracterizaba por ser un hombre fornido y radiante como la
luz del sol, sigiloso cual león de batalla y muy bondadoso; pues él amaba
a su pueblo. Por el otro lado, el general que los comandaba era Kailu, este se
conocía por ser un hombre con una puntería infalible, su cabello era como una
noche sin luna, robusto, rápido y al igual que el otro general daría la vida
por los suyos sin dudarlo dos veces.
Un día cada bando se preparaba para confrontar una batalla en un
monte llamado Paité, esta sería decisiva ya que estaban cansados de la
situación y pensaban resolverlo sin importar hasta donde les implicara, la
cuestión sería triunfar o fracasar, perder o ganar. Al tener listas armas,
escudos, armaduras y caballos, se encaminaron para dar lugar al inevitable
enfrentamiento, a la cabeza de cada tropa se destacaban los generales empuñando
las banderas de sus reinos respectivos.
Cuando se encontraron frente a frente los dos ejércitos, el
general Canon se pronunció:
- “Ríndanse,
nosotros tenderemos misericordia de ustedes y de este modo no perderemos más
vidas”.
A lo cual el general Kailu respondió:
-
“Nunca nos
doblegaremos ante ustedes, ni perderemos lo que nos pertenece”.
Era muy evidente la tensión en el ambiente y lo único que se
escuchó seguido de la respuesta del general fue el sonido de los cuernos y
trompetas, indicando que se daba paso al épico cotejo.
Comenzó la confrontación y sonaban los “clich – clach”, resonares
de las armas y a su vez los gritos y gemidos de los hombres que iban cayendo a
lo largo del campo de batalla cuando de pronto el aire se vuelve denso y el
cielo se torna oscuro, unos chillidos se oyen acercando en la lejanía, todos
los guerreros inmediatamente vuelcan su atención al cielo cuando empiezan a
notar unas manchas que cada vez se hacen más grandes y los sonidos más
irritantes, definitivamente nada bueno se puede esperar de lo que parecen
aterradoras gigantescas criaturas.
En efecto, inmensos dragones se abalanzaron sobre los cientos de
hombres en el campo de batalla y otros más se dirigieron a las poblaciones de
cada reino, lanzando fuego y atacando ferozmente a todo lo que tuviera vida.
En medio del gran horror, los generales ordenan a sus hombres
atacar a los dragones y correr de vuelta a los reinos para desalojar a toda la
comunidad y ponerla a salvo. En medio de los gritos, llantos, fuego y sangre,
cada ejército se da paso y logra proteger a muchos de sus habitantes, pero por
supuesto para otros ya fue muy tarde.
En medio de la difícil situación se comentó que
existía una isla muy lejana totalmente habitada por dragones inofensivos pero
que por una invasión de piratas se vieron forzados a huir, del miedo y
sufrimiento padecido muchos de ellos atacaban a lo que se los recordara, por
instinto de supervivencia. Por esto volaban lejos de su isla y al pasar por el
campo de batalla donde había cientos de hombres decidieron atacar instintivamente,
esto lo explicaba todo.
Los habitantes de ambos reinos se encuentran refugiados en un
denso bosque muy lejos de su hogar; sin techo ni alimento, deciden dejar atrás
sus diferencias e ir a luchar con las criaturas que querían apoderarse de sus
tierras, pues los hombres de los ejércitos eran cada vez menos y más débiles; y
así lo hicieron…
Con lanzas, piedras, hachas y cualquier cosa que sirviera de arma
se dirigieron al reino con un único propósito: acabar con los dragones y
recuperar su hogar.
Entre Hombres, mujeres, niños y ancianos atacaron a los dragones
que yacían en la pradera que antes sirvió como campo de batalla, mal heridas
las criaturas iban cayendo una a una mientras que otras simplemente se
vencieron y desparecieron en el oscuro cielo para nunca jamás volver.
-Lo logramos. Gritó uno de los pobladores.
Solo se escucharon gritos de victoria de todas las
personas allí presentes, mientras los generales atónitos, intentaban procesar
la escena que acababan de presenciar.
-¿Pero qué acaba de suceder? - Dice el General Canon
- Ellos… los acabaron… juntos… - Respondió el general
Kailu
- Si señores, unidos somos más y no podíamos permitir que
acabaran con nosotros. – Les dijo uno de los pobladores.
- Todos somos iguales y queremos acabar con el absurdo
conflicto en el que hemos vivido - se oyó de entre la multitud
- ¡Sí! Respondieron los demás habitantes
- Deberíamos acabar con Poliweth y Gengarth, deberíamos
ser simplemente Konoa. – Mencionó una mujer con un niño en brazos.
Ante esta revelación de la comunidad los generales solo
pudieron escuchar. Posteriormente decidieron ir juntos y hablar con los reyes
sobre todo lo sucedido, sobre cómo las comunidades se unieron para ser más
fuertes y ganar la batalla a los verdaderos enemigos, aquellas criaturas.
Luego
de una extensa charla entre los generales y los reyes; el rey Lorthes se dio cuenta que los reinos
enemigos, se aliaron por el bienestar general de Konoa y decidió enviar un
comunicado en el que decía:
“Yo, el Rey
Lorthes declaro que esta guerra es infundada, Konoa es una tierra hermosa,
prospera y muy grande, ya basta de pelear. Nuestros pueblos juntos
lograron vencer una gran amenaza, si seguimos así lograremos más y mejores
cosas. Públicamente quiero pedir
disculpas al Rey Peribus y a su noble esposa, en medio de mi obstinación
los ataqué porque me sentí traicionado, cosa que solo ocurrió en mi
imaginación. Propongo que unifiquemos nuestros pueblos y saquemos
adelante a nuestra amada Konoa"
Peribus se
emocionó con el comunicado, Sophia su esposa y consejera, lo apoyo en su
decisión de aceptar la propuesta.
Y así
concluyó una era de conflicto, Konoa se convirtió en un Reino admirable por sus
grandes proporciones y aire de felicidad, para siempre...
Fin